Claude Code factura 2.500 millones mientras OpenAI persigue tendencias virales: la batalla silenciosa por el mercado B2B
por Edgar OteroMientras OpenAI acapara titulares con Sora, su red social de vídeos generados por IA, tendencias virales de imágenes al estilo Ghibli y declaraciones polémicas de Sam Altman comparando criar humanos con entrenar modelos de inteligencia artificial, Anthropic ha construido silenciosamente un imperio empresarial. Claude Code, su herramienta de programación asistida por IA, alcanzó los 2.500 millones de dólares en ingresos anualizados apenas un año después de su lanzamiento público, según ha revelado Bloomberg.
La diferencia de estrategia es evidente: mientras OpenAI persigue la atención mediática y el crecimiento de usuarios finales, Anthropic se ha centrado en resolver problemas reales para empresas que pagan cifras considerables por productividad. Y los números lo demuestran. Anthropic, valorada recientemente en 380.000 millones de dólares, está cerrando la brecha con OpenAI (500.000 millones) gracias a un enfoque mucho menos glamuroso, pero infinitamente más rentable.
Lo que hace especialmente llamativa esta historia es su origen. Claude Code nació como un proyecto lateral de Boris Cherny, entonces empleado en una división experimental de Anthropic que él mismo compara con los antiguos Bell Labs. Incluso el CEO Dario Amodei quedó sorprendido por la adopción interna masiva, llegando a preguntar si estaban forzando a los ingenieros a usarlo. La respuesta era mucho más simple. Bastaba con darles acceso para que lo adoptaran rápidamente.
De proyecto lateral a negocio de 2.500 millones: cómo Claude Code conquistó el mercado profesional
Claude Code alcanzó los 1.000 millones de dólares en ingresos anualizados en solo seis meses tras su lanzamiento público hace un año. Aplicaciones como Microsoft Copilot y Cursor ya eran populares entre desarrolladores por su diseño accesible, pero Claude Code prometía algo diferente: escribir y depurar código de forma más autónoma. De repente, era OpenAI quien tenía que correr para alcanzar a Anthropic, y no al revés.
La herramienta permite a los usuarios dejarla trabajar de forma autónoma en tareas durante más de 45 minutos sin intervención, y en promedio los usuarios pasan 20 horas semanales trabajando con el producto. Lo que comenzó siendo utilizado principalmente por startups tecnológicas ha ganado tracción con equipos de ingeniería de empresas del Fortune 500 e incluso entre aficionados sin conocimientos técnicos que quieren construir sus propias aplicaciones.

El caso de Spotify resulta especialmente revelador: aproximadamente dos tercios del personal han optado por usar Claude Code, superando la adopción de cualquier producto similar, según Niklas Gustavsson, arquitecto jefe y vicepresidente de ingeniería de la compañía. La empresa ha construido incluso su propia herramienta interna llamada Honk que permite al personal hablar con Claude Code a través de Slack para hacer cambios en el código de la aplicación de streaming.
Gustavsson, con 30 años de experiencia en la industria, admite que fue "un salto mental" considerable: "El código siempre ha estado muy en el centro cuando trabajaba con él. Claude Code ha invertido completamente eso". Anthropic afirma que la productividad de sus propios ingenieros ha crecido un 200% en una métrica específica mientras aumentaba el uso de Claude Code en los últimos seis meses.
Dos filosofías opuestas: viralidad efímera contra utilidad empresarial sostenible
El contraste entre ambas compañías no podría ser más pronunciado. OpenAI ha liderado tendencias que capturan la imaginación pública, pero que resultan ser, en muchos casos, flores de un día sin modelo de negocio claro. Sin ir más lejos, las tendencias de generación de imágenes, aunque virales, no se traducen en los miles de millones que empresas están dispuestas a pagar por aumentar la productividad de sus equipos.
Mientras tanto, Anthropic ha expandido su oferta de IA para sectores como salud, finanzas y servicios legales. El viernes pasado, la compañía presentó nuevas funciones en Claude Code para ayudar a las empresas a detectar vulnerabilidades de seguridad en su software, un movimiento que provocó caídas en acciones de empresas de ciberseguridad por temor a quedar obsoletas.
La rapidez con la que Claude Code ha transformado flujos de trabajo reales ha revivado preocupaciones sobre la pérdida de empleos, algo que incluso el propio Amodei reconoce como inquietante. Es un contraste notable con las declaraciones de Sam Altman, quien recientemente comparó el coste energético de entrenar humanos durante 20 años con el de entrenar modelos de IA, reduciendo a las personas a meras máquinas de producción.
El desafío ahora para Anthropic es demostrar que puede replicar este éxito en otras profesiones más allá de los programadores, un grupo históricamente más receptivo a adoptar tecnología de vanguardia. Pero la lección está clara: el dinero real en inteligencia artificial no está en las tendencias virales de consumo, sino en resolver problemas concretos para empresas dispuestas a pagar por productividad medible.
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